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Reciclar, sí, pero, ¿para qué?

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Reciclar, sí, pero, ¿para qué?

Mensaje  guillem el Mar Nov 17, 2009 12:06 pm

Los españoles separamos el pasado año en nuestras casas y nuestros trabajos cuatro millones de toneladas de basura para su recogida selectiva y posterior reciclaje, aproximadamente, un 60% de toda la basura que tiramos en los contenedores. Es un ingente esfuerzo cuya recompensa es poco conocida. ¿Sirve de algo separar la basura? Pues sirve para mucho: permite fabricar una gran variedad de nuevos productos a precios competitivos con los que usan materias vírgenes y evita que sustancias nocivas -como pilas, aceites usados o medicamentos- acaben peligrosamente en vertederos





El papel es el campeón del reciclaje. Desde mediados de los años 80, antes, incluso, de que apareciesen los famosos contenedores azules, entre un 50% y un 60% de todo el papel producido en España utiliza como materia prima papel o cartón usado. Cuando llega a las fábricas papeleras procedente de los contenedores azules –o de la tradicional recogida de “cartoneros”-, las máquinas empiezan a “refabricar” papel casi de inmediato. Mediante productos químicos, se separa la tinta del papel, se rompe éste en tiras muy finas y se tritura. Posteriormente, con unas prensas y secadoras especiales, se les da forma. “De este modo, -explica un informe de la patronal papelera, Aspapel- en España se salvan ocho millones de hectáreas de bosque al año, se ahorra el 60% de la energía y se evita el 73% de las emisiones a la atmósfera”. Y todo, con ese simple gesto de separar el desecho de otros que podrían mancharlo, especialmente, desperdicios orgánicos.

Precisamente, la mitad de nuestra basura la componen restos de comida y bebida. La materia orgánica tiene su bolsa y su contenedor propio y con todo el derecho del mundo: los restos orgánicos son los más fácilmente reciclables siempre que no se mezclen con elementos tóxicos. ¿Reciclables en qué? En compost, un abono de calidad para el que sirven todo tipo de desechos y que podemos elaborar nosotros mismos, en casa: basta con depositar los desperdicios “pudribles” en un contenedor especial que permite airear la materia en descomposición -y que puede encontrarse en grandes ferreterias e hipermercados de bricolaje- y voltear el producto cada dos o tres días. El proceso es sencillo porque los microorganismos lo hacen casi todo, y en unos 80 ó 90 días tenemos un abono de calidad para nuestras plantas. Muchos ayuntamientos hacen esto mismo a gran escala, para disponer de abono abundante en sus parques y jardines mediante plantas de compostaje. En estas plantas, los camiones depositan los desechos en unas enormes tolvas que hay a la entrada y unos operarios hacen una pequeña separación previa de sustancias contaminantes. El resto es todo natural.

Los envases de vidrio y cristales son 100 % reciclables: a partir de un envase utilizado, puede fabricarse uno nuevo que puede tener las mismas características del primero. A partir de la materia prima virgen (fundamentalmente, sílice procedente de arena común) o del vidrio machacado (denominado calcín), se obtiene un vidrio de similar calidad; si es a partir de calcín, tan sólo hace falta machacar previamente el vidrio procedente de los iglúes verdes para facilitar la tarea en el horno; del resto se encargan las elevadas temperaturas, por encima de 1.000 grados. Como la mayoría de los desechos proceden de botellas y tarros, son los envases de cristal el destino habitual del calcín obtenido de los iglúes verdes. ¿Y todo esto para qué? Aunque el ahorro de arena no es necesario dada su extraordinaria abundancia, sí que interesa el ahorro de energía: usando vidrio recuperado ahorramos en los hornos de fusión unos 130 kilos de fueloil por cada tonelada de vidrio reciclado. Por otro lado, se reduce el espacio necesario en los atestados vertederos españoles. “La colaboración ciudadana en los últimos cuatro años –explica Melchor Ordóñez, director de Ecovidrio, el gestor español de estos desechos- ha evitado que cerca de cuatro millones de envases de vidrio acaben en vertederos”.



Plásticos, también reciclables



Existen 50 diferentes formas de plástico y la mayor parte de ellos se fabrican originalmente a partir de petróleo. El elevado precio del crudo en la última década le ha venido muy bien al reciclado de los envases plásticos, sin duda, y junto a los briks, los más difíciles de reciclar por ser muchas veces mezclas complejas que deben separarse en sus diversos componentes antes de fabricar nuevo material. ¿cómo? En plantas de clasificación como la de Las Dehesas, en Madrid, se hacen grandes paquetes por tipos de un sólo tipo de material que son luego enviados a las plantas de fabricación. Allí, mediante procesos químicos, son separados los distintos componentes y a partir de entonces ya puede fabricarse nuevo plástico. El polietileno, empleado para envasar agua y otras bebidas, es uno de los plásticos más usados y que se recicla en mayor cantidad. De polietileno reciclado son fabricados actualmente alfombras, piezas interiores de automóvil, pelotas de tenis, perchas, juguetes y, por supuesto, envases de bebidas.

Metales como aluminio, plomo, hierro, acero, zinc o cobre son reciclados fácilmente cuando no están mezclados con otras sustancias, porque pueden ser fundidos y fabricarse productos similares. Una vez recogidos en vertederos o en plantas de clasificación, ya están listos para ser refundidos. “Äntes de entrar al horno –explica Xavier Unzúe, gestor de un desguace en Pinto (Madrid)-, se les corta en trozos, se les somete a altas temperaturas y se le da la nueva forma deseada”. De esos materiales, el hierro es el que tiene mayor demanda comercial, hasta el punto de que la fabricación de nuevos productos requiere un mínimo de materia usada. “Las fundiciones –añade el “desguazador”-, no sólo se hacen cargo de todo el hierro y acero recuperados –fundamentalmente, en chatarrerías y desguaces de coches- sino que deben importar de Europa del Este, la India o el norte de África el metal extraído de sus inmensos desguaces”. Los materiales ferrosos, por cierto, son unos de los pocos que pueden separarse –mediante sencillos imanes- de la basura orgánica, por lo que no es tan importante llevarlos al contenedor. De todos modos, si tiene una cocina o un calentador para tirar, siempre es preferible acudir al servicio municipal para que éste se haga cargo de esos desechos especiales.

Y con esos desechos peligrosos que también generamos, ¿qué se hace? Se trata de pilas, medicamentos, productos de limpieza, disolventes, pinturas, colas, aceites de fritura, aceites de coche, baterías y otros restos que contienen sustancias peligrosas y que no deben ir con el resto de la basura. Algunos de estos productos tienen sistemas de recogida propios en los establecimientos donde se venden (es el caso de las pilas, las baterías, los aceites usados o los medicamentos, que son guardados por los vendedores hasta que son recogidos por camiones especiales), y el resto se reciben en “puntos limpios” o “puntos verdes” donde son igualmente almacenados en espera de un tratamiento adecuado. ¿Reciclarlo? Pues, generalmente, no: los productos que contienen elementos tóxicos o peligrosos son muy caros de reciclar y en la práctica, las empresas especializadas que recogen los desechos de las tiendas o los “puntos limpios” se limitan a incinerarlos con garantías o guardarlos en depósitos de seguridad junto a los residuos industriales, igualmente peligrosos. Téngase en cuenta que el mercurio de una sola “pila botón” puede contaminar 600.000 litros de agua o que un sólo litro de aceite usado del coche formará una capa aceitosa de varios kilómetros que no permitirá la oxigenación del agua y asfixiará a las especies que la habitan. Merece la pena también el esfuerzo de entregar estos residuos a un gestor autorizado, seguramente, cerca de su casa o centro de trabajo



¿Cuánto dura una colilla en el monte?



Cada verano, buena parte de los montes y bosques españoles “sufre” el “paso sucio” de millones de turis¬tas que utilizan los espacios naturales como un basurero particular. Además de la suciedad que encontrarán otros “aventureros”, los animales y el medio físico sufren gravemente los efectos de esta masiva contaminación. Las anillas de plástico sujetalatas, por ejemplo, estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves; las gomas del pelo son confundidas por muchas cigüeñas con lombrices y acaban intoxicando el estómago de sus crías; el típico cambio de aceite del coche en el campo o las pilas gastadas del radiocassette, acabarán contaminando -cuando les alcancen los PCB´s o el mercurio- miles de litros de aguas subterráneas, ríos, lagos y pantanos; los vi¬drios, que siempre acaban rompiéndose, no sólo cortan los pies de los animales y de las personas poco prevenidas, sino que en ocasiones actúan de lupa y provo¬can incen¬dios, aunque son muchos más los que se deben a las colillas tiradas desde el coche o los que siguen a una bar¬bacoa mal apagada. Incluso, la basura acumulada en ciertas cantidades genera casi siempre gases muy inflamables, y si los desechos orgánicos fermentan, la gran cantidad de calor que generan puede prender fácilmente.



Rafael Carrasco / ECOticias.com
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